martes, 5 de mayo de 2015

Todo tiene su tiempo


En nuestra vida, todo tiene su tiempo y todo aquello que desees debajo del inmenso cielo tiene una hora determinada. ¿Lo crees? Encontrarás la vida en el tiempo de nacer, y contemplarás el tiempo de morir. Verás el tiempo de plantar lo mejor de tu semilla y el tiempo de arrancar lo que alguna vez sembraste. Habrá tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir y tiempo de edificar lo que alguna vez se cayó con gran estruendo.

Seguramente te emocionarás en el tiempo de llorar y te preguntarás cómo hay tiempo de reír si viene luego el tiempo de endechar. ¿Te fijaste que después de todo ello habrá tiempo de bailar? Pero sabes, tú también te lamentarás de esparcir las piedras y tendrás el tiempo necesario de juntarlas. ¿Por qué? Porque tienes que aprender la paciencia y ello no se aprende de la noche a la mañana. Pero sé que hay momentos que a tu vida la abrazarás con todo lo mejor que tienes pero alguna vez tendrás que abstenerte de hacerlo, porque los tiempos son malos.

¿Y si tuvieses todos tus bienes más preciados? Tendrías un tiempo entonces de buscar lo mejor y un tiempo de perder lo que más atesoraste, ¡Qué terrible! Pero valorarás tu vida y tus fuerzas, hay esperanza entonces de tener un tiempo de guardar lo que Dios te dio, y un tiempo de desechar lo que hizo sufrir a tu alma en esas circunstancias.

Hay tiempos de romper con lo que no nos sirve y sin embargo, tendremos tiempos de coser nuevamente las esperanzas que alguna vez se perdieron. Experimentarás los tiempos de callar si es que llegó el sufrimiento a tu vida prefiriendo mejor la soledad y el silencio, pero esperarás mejor el tiempo de hablar proclamando la verdad del cómo aprendiste a superarte en esa situación.

Vendrá aquella con quien soñaste por años y te dará la descendencia que anhelabas, será tu tiempo de amarla plenamente y si alguna vez la injusticia y el desastre te invadiera, tendrás el tiempo de aborrecer lo que no era verdadero y lo defenderás ardorosamente en los tiempos de guerra para así conquistar otra vez lo que extraviaste, en el tiempo de paz.

¿Qué provecho tendríamos en lo que trabajamos en aquello que nos afanamos? Yo he visto el trabajo que Dios ha dado a los hijos de los hombres para que se ocupen en él. Piénsalo. No obstante, todo lo hizo hermoso en su tiempo y ha puesto la eternidad en el corazón de sus hijos sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio del mundo, hasta el fin de todo lo creado. 

Yo conocí que no hay cosa mejor para los hombres que alegrarse y hacer siempre el bien en su vida. También es un regalo de Dios que todo hombre se alimente y beba, gozando así el bien de todo lo que ha hecho y ha encontrado.

También comprendí que todo lo que Dios hace será inacabable, perpetuo, sobre todo lo que hizo. No se le añadirá más ni tampoco se le disminuirá. ¿Sabes por qué? Porque Dios lo hace para que en su presencia lo reconozcan todos los hombres, ni más ni menos. Aquello que fue, ya es; y lo que ha de ser, fue ya; y Dios restaura lo que pasó.

Roque Puell López Lavalle

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