martes, 5 de mayo de 2015

Ni la muerte


El entrelazado de tus cabellos húmedos los anhelo entre mis manos, tus ojos vidriosos y el sentir de tu silencio, pretendo conquistar. Te imagino en el horizonte de mi pensamiento, siento tu deseo de no querer hablarme y sin embargo, allí estás, alegre, esquiva, cortando las palabras que no me deseas contar...

Tu mirada se muestra así en la oscuridad de la fría tarde de Mayo. Sin embargo, bello es correr en el monte abierto, en la melodía que mi alma escucha y así me regalas tu carita risueña o tu temor de niña ante mi ánimo inadvertido. Pero ahora tengo paz porque no me detiene los abismos de nuestra existencia o la duda de cómo eres realmente...

No te conozco pero poco me importa ahora mi voluntad extraviada frente a la tremenda aventura de lo que podría encontrar. Solamente sé que deseo para mí un frenesí de emociones sin respuesta, un cálido sentido a lo que mi alma siente pena por ese desasosiego que ahora vivo, por ese dolor que ahora me encuentro y no hallo como explicarte que en lo más profundo, también existe un querer...

Me dijeron que tú conocías la nostalgia del viajante, la tristeza del desamor y la consecuencia del sentimiento acongojado. Recuerdo la última vez que hablamos en el café, ¡Qué extraña oportunidad! Parecías interminable en tu experiencia de cómo pudiste reflejar tu cántico o cómo llegaste al corazón de tantos...

Me alcanzó mi sonrisa a convencerme de que eres la única, el ser más maravilloso que conozco, terminas en un segundo el más ardoroso poema así como la inigualable calamidad de un terrible pensamiento. ¡Qué dulce desengaño! 

Mi alma no te conoce y se emociona, tal vez sean las sombras las que no me dejan ver la perfección de tu rostro, aquél que nunca se cansa de dar felicidad. Me avergüenzas, acaso sabes mis secretos, tal vez los conoces o tal vez la intuyas. Yo confundo tu serenidad con mi vivencia, no las puedo separar porque tu presencia está conmigo. Me regalas esperanza, me haces olvidar los ingratos recuerdos, me señalas el camino certero con una inocencia que cautiva...

Tu nombre lo ignoro, no me lo dijiste… solamente puedo saber que me entregas el ansiado consejo, la dulce respuesta de una esperanza que todo cambiará, que todo será diferente desde ahora, aún el amor que pudiera haber entre los dos. Seremos compañeros infatigables, eternos, yo porque te observo en cada momento y tú porque me darás tus ojos sinceros. ¡No sabes tú lo que realmente siento! 

Entonces así ya podré retomar mi camino, yo veo a lo lejos una montaña inmensa, alta como el cielo y llena de paisajes verdes. La diferencia es que ella tiene aromas que me encandilan pero tú tienes las flores que me gobiernan, tú eres la luz brillante de la luna que ahora me atrae sin reservas...

Tendrás ahora mi esperanza y la consumación de mis sentimientos, tal vez en el ocaso de mi vida o la inmediata existencia de mis sentimentos. Si es así, sea ésta mi declaración, el último recuerdo o el bello poema de los días inciertos, te podría querer y ni la muerte podrá separarnos...

Roque Puell López Lavalle 







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