En las madrugadas donde suelo asomarme en la ventana, me doy cuenta que ya no puedo dormir y tengo desvelo. Las muchas dudas me quitan el sueño por más que pienso el qué será del mañana. Quisiera saber por ejemplo, qué harás o qué soñarás pues ahora tú no duermes conmigo. Quizá preparas una bienvenida o una despedida para las niñas...
Había visto el lugar de nuestro primera cita, las mesitas en el restaurante oriental ya no están afuera y hacía más de una década que allí te regalé una flor. Igual fue el momento de mi sorpresa ver ahora que los chinos están más viejos. Su sabrosa comida ha sido bandera, de igual modo todo está como ayer y todo también, está de primera...
Ahora que no duermo, ¿Por qué a lo lejos mi recuerdo me hace tenerte presente? No lo entiendo, siento más el frío que me abraza pronto en una cara fantasía. Serán otras ilusiones las que nos embarcan en este camino sin salida. ¿Verdad? Pero, en el fondo de mi alma herida, en el esfuerzo de mi corazón apocado, creo que quizás me recuerdas o quién sabe, tal vez me querías.
Envueltos en el silencio de las palabras, añoro como los novios, los poetas o músicos, el amor verdadero hecho canciones. Me pregunto si soy un sentimental que regala mi corazón y mi pasión a quien sedienta de amor me lo pida o a quien mi cariño lo demande. Pero mejor así si lo presientes, porque no entenderías lo que yo siento...
La tierra seca puede renacer, la lluvia puede caer y reverdecer el prado que una vez fue. La esperanza de no verte me atormenta y el deber de amarte solamente se me acerca. ¿Por qué no puedo escucharlo de tus labios que me quieres? No hay más cálido embeleso que una emoción manifiesta, no hay más pasión satisfecha que una mirada tierna acompañada de un apasionado beso. Sin embargo, la soledad me hace daño, la razón se rebela porque no quiere más pensar, solamente quiere el ardiente cuerpo desnudo de una fémina que quiere hacerse amar. Si puedo imaginar que entre nosotros hubo ese volcán, ¿Por qué ahora no ríes y no eres capaz de hablar? La mágica esperanza solo está en la mente, no llega, no me invade, no concibe lo que ahora es una verdad.
Los pocos colores no podrán terminar un cuadro como tampoco los muchos rencores no completarán un romance. Y si, te quiero, te quiero todavía aunque no lo creas, pero ya dudo de ti que no me escribes, que no me lees, que no me llamas, para que al fin, quedar como si nada hubiera pasado. Hoy que en las madrugadas no puedo soñar teniendo desvelo, las muchas dudas me quitan el sueño. Solamente que no me preguntes si mañana estaré y buscara otro sendero, quizá nunca más te diga te quiero y tal vez, yo así, me muera...
Roque Puell López Lavalle
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