jueves, 7 de mayo de 2015

Ce la vie, André...




André Mogard había decidido tener una vida más alegre en la que podría definirse como relajada y divertida. Habría que superar la crisis existencial y así pensar en las posibles conquistas que podría disfrutar. No faltó el gran encuentro con uno de sus mejores amigos de muchacho, el siciliano Robertino, aquél mediterráneo, de cabellera ensortijada y ojos negros, afincado en Francia. De apariencia paternal y pausado él, le dijo que una reunión se organizaría en la Fábrica de Metales aprovechando el Feriado después de un arduo trabajo.

André aceptó de mucho gusto y pensó que ya su semana estaba hecha y se puso sus mejores galas. No le faltó la sarita ceremonial y el cuello blanco de la camisa almidonada, escondía una fina corbata. Acompañado de sus zapatos brillantes y escarpines, llegaron a la casa. El humo de los cigarrillos, la música del ambiente, delataba las risas alegres acompañados de los brindis continuos del dueño de la residencia. Alegraban los ojos y las emociones, las damas presentes que se prestaban algunas para una noche sin retorno.

Robertino le había alcanzado una copa a su amigo cuando este se quedó prendado de una bella mujer. Se dio cuenta que era correspondido y casi inmediatamente, se embarcaron en una charla amena quedando luego en un encuentro próximo. Un paseo en el lago en una tarde soleada sería magnífico para André y Brigitte quien aceptó con timidez la invitación. Él la acompañó a su carruaje y el cochero arrió los caballos desapareciendo muy pronto..

André llegó a su casa emocionado. Durmió pensando en la siguiente semana como si fuera el día de la patria. No obstante, el gran encuentro no pudo darse. Tenía que cumplir un viaje urgente al interior pues la Jefatura lo había designado. Enojado y confundido, gritó con impaciencia para sus adentros por esta ingrata situación. Recordó preocupado a Brigitte y quiso avisarle pero no pudo hallarla Resignado se fue a la estación yéndose cabizbajo a la diligencia que tendría que cumplir.

Le pareció una eternidad. Regresando y saliendo presto ya de su trabajo, nuevamente se encontró con su gran amigo.

"¡¡Robertino!! ¡¡La suerte me ha sido propicia!! ¡¡Te he encontrado!!"

Hola - le dijo fríamente

"¡¡Ha pasado tan solo una semana y no he podido ubicar a Brigitte!! ¿¿Me puedes decir que ha pasado con ella?? No responde a mis llamadas…"

Veo sorprendido que no te has enterado. ¿Cómo podrías saberlo? - Dijo Robertino

"¿¿Qué ha sucedido amigo??" Preguntó André con semblante sorprendido…

Brigitte murió el Jueves pasado. El conductor de una calesa no la vio y no pudiendo controlar el armatoste se fue contra ella y también hacia su pequeño hermano Pierre. Ella dejó esta vida instantáneamente pero Pierre quedó muy grave en el Hospital. Lo siento.

André desencajado, solo atinó a escucharlo pensando el por qué la vida se había ensañado contra ella, siendo ella tan joven y bonita. Una gran tristeza embargó su corazón. Pensaba lo peor, no lo podía creer. No podría cambiar las circunstancias porque la muerte ya había cumplido su misión. No pudiendo más, lloró amargamente...

Robertino, observándolo, conmovido y lleno de pesar, se adelantó hacia él y le dijo éstas cortas palabras: "Ce la vie André", "Ce la vie" y terminó yéndose por la calle principal...

Roque Puell López Lavalle

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