sábado, 2 de mayo de 2015

El melindroso


Compañero melindroso, te asusta hasta tu sombra y te olvidas de las buenas obras pues hoy tocó a tu puerta mi necesidad. Si tanto cuidas tu nombre y amas tanto tu trabajo ¿Dónde queda tu buena voluntad? Amigo verdadero, ¿Dónde lo hallarás? 

Ahora has cambiado, ahora te has quedado ciego y ahora confundes al preferido de antaño con el favor a tu amigo. El ser melindroso no te ayuda porque por mucho que te afanes, solamente azuzarás a tus prejuicios y a tus fantasmas irreales. Lo que temes, algún día te vendrá y lo que vives cuidando siempre, en un instante se lo tragará la verdad. Solamente en tus sueños, puedes ser un héroe que mata un dragón que siempre ha de perecer. Solo en tus ínfulas de gran señor, verás que de toda persona podrás desconfiar. 

Pero en realidad, las malas intenciones si te podrían afrentar pero ellas solamente viven en tu imaginación. Hoy nada se avizora, nada se conmueve, nada te está pasando, todo está en su lugar. No puedes cambiar las circunstancias por más que te cuides las espaldas o protejas tu largo peregrinar. No hay ningún “por si caso” si te das cuenta. Y si al final, tú caes por ingenuo, es porque no eres una deidad sino un ser como cualquiera. ¿Que te la sabes todas? ¡Por favor! Nadie te cree ahora, no intuyes que en la vida todo es vanidad?

Lo malo compañero es que tu miedo aumenta el desencanto de las gentes que perciben tu mal rato. Se han dado cuenta del olvido de tu nobleza, de tu mejor retrato. Que de todo tienes miedo, que de todos desconfías por solo por una pequeña firma o quizá porque te presentan, un simple contrato… ¡¡Imbécil!!  

Roque Puell López Lavalle

No hay comentarios:

Publicar un comentario