Creo que si en mi corazón hubiera tenido la libertad para llegar a las fronteras de lo absurdo y hubiese querido olvidarme de las vanas palabras que marcaron mi destino, sería de repente de otro semblante, quién sabe si mi pensar no hubiese el mismo o tal vez sería contagiado de la misma indiferencia que les atañe a todos los seres humanos...
Creo que hoy sería como un viajero que va hacia lo desconocido donde el timonel de mi existencia intensa lo llevaría yo en los mares tempestuosos de la vida. Pero de esta manera ignoraría también, todas mis emociones y mis experiencias gratas, tan llenas de paz como de un contentamiento que no cupiera en mi corazón...
Creo que mi voluntad debió tener más sabiduría para no esperar a los santos que no hacen milagros y no tomar las cosas con tanto atrevimiento porque más se apuró mi alma en algunas fantasías sin nombre, que discutir las sinrazones de la niña mora por ser una quimera. Al final de todo lo ocurrido, ahora sé que aquellas emociones se fueron al cielo, donde no hay barreras sin cercos que oculten los sentimientos...
Creo que mi felicidad no se hubiera quedado trunca si en mi juventud no hubiera reinado la ignorancia de creer en las promesas del amigo incierto, aquél que estaba escondido entre los matorrales del misterio, profiriendo endechas y palabras vacías de insana melancolía. En tanto que se perdieron las intenciones, se afianzaron las ingratitudes…
Creo que mis emociones dadas en la estación otoñal, debieron buscar siempre un lugar seguro para protegerme de las mentiras verdaderas. Debieron blandir siempre una espada aguda contra todos los falsos maestros que venían disfrazados de bondad y fundamento, para no caer después, de esa vana manera con mequetrefes que no tienen ningún sustento…
Creo que mi mente no debió creerle a mi corazón sediento cuando le dijo que todo futuro sería diferente cuando en los tiempos del amor, no existieron nunca renglones de la verdad sino castillos que bulleron en el aire donde se expresaban jubilosos, pero la realidad fue falso porque todo ello no fueron defensa alguna ni para el más iluso, ni para el más ignorante…
Creo que hoy mismo, si quisiera pensar que mi manantial se volvió como un desierto, sería entonces cierto explorar otros bastiones y así olvidar mi propio destierro. Podría ser entonces que así encuentre la dicha negada en otro tiempo y así dormiría en paz sin tanto sufrimiento. Por eso hoy sé que en estos avatares, la esperanza no muere nunca y la fe tampoco se diluye en los brazos del apocamiento…
Creo que Dios permitió las circunstancias y las contiendas en mi vida fue porque Él siempre fue testigo de mis grandes encuentros y mis terribles desaciertos. Hacedor es Él de Sus designios en los días cumplidos, quedé yo solo en la sinceridad de mis actitudes, en la verdad de mis sentimientos y si estas emociones no me las creyeron, lástima, esos se quedaron para siempre sin mi sólido fundamento...
Roque Puell López Lavalle

No hay comentarios:
Publicar un comentario