sábado, 9 de mayo de 2015

El niño dios


Le decíamos "niño dios" no por la Navidad sino porque nos caía mal. A alguien se le ocurrió definir esta alusión medio mística para este hombre que "podía estar en todas partes, pero nadie lo podía ver", ¿No era cierto? Y aunque esta frase fue dicha con sorna; también era la verdad, no lo soportábamos por su carácter tan especial.

El tiempo siguió y la patota se fue desintegrando y todos tomamos un rumbo diferente, unos fuera del país y otros quizás en el páramo donde el diablo perdió su poncho. El niño dios también partió y pocos también nos enteramos a dónde fue a vivir. Pese a todo, tenía algunos rasgos dignos de mencionar. Fue un buen artesano, trabajaba los metales nobles con finura y detalle en la joyería y en los acrílicos. Sus obras eran de extraordinaria belleza. Los fines de semana se le podía encontrar en la Rotonda de Miraflores donde se podía apreciar su obra estupenda. Como padre adoraba a su única hija y como se dice en el barrunto, "le faltaba el babero" por la niña de sus ojos. No tuvo igual fortuna con su esposa y adivino que ahora él no es alguien que pueda quedarse solo por mucho tiempo.

El oficio de "quemasangres" creo que nunca lo dejó pues su fama era tal que hasta su familia se lo recordaba por ser uno de los hermanos mayores. Hoy está en sus propios negocios, viviendo sin sobresaltos con lo liberal que siempre lo caracterizó, cuestionando todo y sin llegar a puerto seguro. Así son algunos amigos de espíritu libre, él sigue pareciéndose a un Mick Jagger irreverente, extraño, como el niño dios que está en la luna de Paita y en el sol de Piura, burlándose de todo el mundo aunque nadie por ahora, lo quisiera ver...

Roque Puell López Lavalle

No hay comentarios:

Publicar un comentario