El corazón de niño sale al exterior, es una mezcla de amor, dolor y de ingenuidad, pero también está la risa sonora, sincera, el llorar tan real y tan sentido. Es una parte de nuestro ser que si nos damos cuenta cuando crecemos, lo volvemos a experimentar pero con la esperanza que ese sentimiento, no volverá...
Los ideales que se viven o que se cuentan siempre se creen, se buscan en la interminables preguntas del por qué y del cómo pero siempre la inocencia toma de lleno la imaginación para más tarde ver la realidad...
Crecer duele mucho para el niño que se pregunta qué es lo que debe esperar, qué es lo que debe descubrir porque en los juegos todo puede suceder y aún el que ya creció se pregunta si todo pasado vivido fue mejor..
Busca en el niño en sus juguetes como si hubiese uno que pudiese dominar, que pudiera desarmar para saber al fin qué es lo que encontrará pero no sabe que la vida está llena de juguetes raros y que a muchos adultos les gusta jugar, con el pésimo gusto de que algún día no van a regresar..
Al fin y al cabo todos somos niños en el fondo porque a veces nos toca actuar, me imagino tener la ilusión de la que no puedo tocar, la aventura que tiene todo el mundo de conquistar, vivir la pena de que la mascota que tanto amaba se tuvo que morir o sufrir por la niña de muchas pecas que se marchó lejos para nunca estar.
En fin, niños que jugamos a los grandes paladines, a los grandes maestros, a los grandes señorones o simplemente querer ser niños que anhelan que esta vida se torne más bonita para vivir, si es posible ausentes de toda oscuridad que nos da mucho miedo, pero que al final, ésta nos puede encontrar..
En fin, niños que jugamos a los grandes paladines, a los grandes maestros, a los grandes señorones o simplemente querer ser niños que anhelan que esta vida se torne más bonita para vivir, si es posible ausentes de toda oscuridad que nos da mucho miedo, pero que al final, ésta nos puede encontrar..
Roque Puell López Lavalle

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