sábado, 8 de octubre de 2016

La casa del negrero


Festo pasó por aquella casa sombría al caer la tarde dándose cuenta que no había luz en ella. Apenas vio algún candil que la alumbraba, iban apareciendo sombras, acaso por causa de la costumbre de aquella familia. No lo sabía a ciencia cierta pero así reconoció en algunos vecinos, los atuendos de un riguroso luto. Pero observaba también asombrado, los saludos raramente animosos entre el aguardiente convidado y los abrazos mentirosos de la gente. Se sintió entonces, algo extraño ¿Por qué habría de encontrarse con eso?

Pero él, era amigo del denominado por todos "el negrero", era el compañero del esfuerzo, del trabajo. Cuántos secretos le contó, cuánto de la vida del gerente era el desasosiego que evidentemente vivió y aún así quería justificar sus carencias por un destino fatal. Más aun, el reclamo que le hacía no era causa solamente suya sino del jornal insatisfecho que todos protestaban. Le habló de las injusticias del gobierno y las amarguras del alma que a todos en la oficina emocionaba ¡¡Qué locuaz en sus palabras!! ¡¡Qué convencimiento al hablar de sus desgracias!! Y sin embargo, no había solución alguna a sus demandas. Paciente entonces, vio que su Jefe haciéndose de mea culpa volvió otra vez al viejo cuento del “yo no tengo” y al karma del feroz destino. ¡¡Oh, qué ambiguo desistimiento!! Y dirigiendo sus ojos al cielo, vio que ya no había remedio...

Así, sin que él lo supiera, el embustero cayó gravemente enfermo. Más de un año entre sábanas blancas y cuidados. ¿Cuánto de medicamentos tomó el desafortunado?. Su familia temió lo peor ¿A quién de sus hijos dejaría el Imperio? ¿Quién se haría cargo del féretro oscuro en el cementerio? Les dio la pataleta a todos cuando el ave Fénix resurgió de sus cenizas y se le pudo encontrar bailando de nuevo. 

Festo lo encontró después de semanas, otro era su semblante y tomaba aún las pastillas de su receta. Él pensó que el Demiurgo lo haría razonar pero la desilusión, le siguió al cuento y desdeñó así el enfermo su vida milagrosa como algo tan simple que él mismo podía resolver. Entonces, él amigo, frunció la frente y se encogió de los hombros. Nada pudo decirle y menos aun hacer algo por el necio e intransigente. “Tanto va el cántaro al agua que termina por romperse”, pensó. Le dijo adiós y no lo volvió a buscar más...

Pero inflexibles son las leyes del destino porque ya no hay más argumentos. Todo tiene un final en esta vida dependiendo de las semillas que alguna vez se sembraron al comienzo de todo lo vivido La carroza bellamente adornada, con algunas guirnaldas de color, se encontraba a la puerta de la residencia. Pasó lo que había de pasar y el gerente partió a la eternidad. Festo entró a la casa y se encontró con la cruda realidad. Contempló los rostros compungidos e incluso observó que había una fotografía encima del ataúd.

Seguramente estará en su destino eterno, pensó Festo. "Sólo lo sabe Dios"  como diría alguna vez el desafortunado sin comprender al destino. No obstante, nuestro amigo, como todos, dio los saludos de rigor a quienes no conocía, bebió el consabido aguardiente y aunque algunas lagrimillas le salieron, se sintió algo tranquilo en casa del negrero.

Roque Puell López Lavalle

No hay comentarios:

Publicar un comentario