Eran esas las dudas impertinentes, que me visitaron en esa noche oscura. Fueron entre el amanecer, la brisa, la niebla que cubría las luces y el pensamiento perdido. Pero eran solo algunos recuerdos porque de lejos se escucharon risas entrecortadas, más no me di cuenta que en ese momento sobresalían entre el barullo tus palabras que fueron para mí las que me hablaban como si ellas se convirtieran en una simple plegaria...
En ese instante, yo me vi envuelto en una especie de juego que se miraba complicado y que algunos otros valientemente lo encaraban pero tú no estabas allí porque ellos solo iban por el gran sueño y por el misterioso encuentro. Aún así nosotros no fuimos por lo que era nuestro porque los dos caeríamos seguramente era una vana ilusión y en un viaje tan largo que se tornaría tan inútil como un desacierto...
¿Para qué entonces, tendríamos que soñar? ¿Por qué vendría la ilusión? ¿Era realmente necesaria? Y me di cuenta rápidamente que eso no tendría prácticamente ningún sentido, que no tendría mañana porque ya no sería manifiesta tu azarosa vida sino se daría paso a la la mía que está cargada de heridas y que ahora vive acompañada de tu soledad porque aun se besan, pero que no se complementan....
De tal manera que vendrá el ansiado día en que sabré decirte por fin, una sola palabra, que podré amarte sin que tú lo entiendas en esa circunstancia.. Te acompañaré por siempre hasta que te enteres que en este lugar, tú no podrás vivir sin mi y que yo, sin embargo, no podré dormir sin ti. Será así en la aurora o en el ocaso, hasta quedar profundamente dormido o hasta morir en paz...
Roque Puell López Lavalle

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