viernes, 14 de octubre de 2022

Almanzor

 


Las callecitas eran todas empedradas y las casas estaban sumidas en la inactividad de sus pocos habitantes como si algo fuera importante. La indiferencia reinaba en el lugar que era lleno de verdor por la abundante flora pero incipiente fauna. Sin embargo, el paisaje estaba lleno de una triste soledad y se escuchaba solamente el soplar del viento que parecía perdido entre las montañas y entre las quebradas asonantes que las rodeaban. Pero así las cosas, entre las costumbres y las puestas de sol, fue como vivía Almanzor. Se respiraba un ambiente de sierra fría, melancólica, de fincas pequeñas que adornaba tan típico lugar...

Encontró en la lectura y en el arte de las pinturas, las cruentas batallas de su conciencia, las preguntas de su yo ensimismado por los colores vivos y en algunas ocasiones por las letras muertas de un viejo libro. Allí podría construir una vida fantasiosa si quisiera, luego en el ocaso, la acabarla dándole solamente un respiro para así, poderla terminar. Entonces, surgiría la rebeldía dentro de su interior pues creía que era el dueño de la vida porque en ella podría darle a sus personajes, un futuro cierto y prometedor sin menoscabo de un compromiso. Así pues, el pueblo podría haber sido muy solitario pero él lo miraba con desdén porque la quietud de un cementerio era su mejor inspiración y sin embargo, poco o nada le importaba.

Fue en esas circunstancias que en su prolífica imaginación, una espada resplandeciente bajó del cielo en una forma amenazante y él no teniendo alguna defensa, cayó de bruces. ¿Era una alucinación? ¿Estaría soñando despierto? Eso pensó y levantándose, arremetió con algo de temor y desconfianza, muy enojado gritó al firmamento con ira: “¿Acaso tienen ustedes una misión para mí y tengan que mandarme solamente una espada para liderar? Hubo entonces un silencio, una quietud insoportable y no hubo por supuesto una respuesta. 

Él no se inmutó, pero parecía que conocía el origen y el motivo de tremenda experiencia. Sin temor entonces, tomó la espada que estaba incrustada en la tierra y quiso alzarla hasta el cielo creyendo así tener una revelación inmediata ante su osadía, pero descubrió que una fuerza invisible llenaba su ser y oyó una voz profunda que le decía que debía de conquistar no el mundo de su alrededor, sino los propios abismos de su ser. descubrió entonces que era aquella desesperante soledad centrada en su ego de su propia existencia. Vio después que no eran los tesoros extraños que debía arrancar de otras tierras, no, ahora tenía que enarbolar sus propias banderas y pelear las batallas de su propios pensamientos que ahora lo angustiaban.

Al saber esto, no pudo sostener más la espada entre sus manos y se deslizó bruscamente  cayendo otra vez pero terminado boca arriba en un profundo sueño. Las horas parecían interminables, nada parecía cambiar pero anocheció rápidamente y sintiéndose el frío acostumbrado de aquellos lugares, la luna llena no tardó en reinar…

Al día siguiente, unos pastores lo encontraron y asustados fueron hacia él encontrándolo algo maltrecho. Lo reanimaron echándole agua fresca en su rostro y el escritor pudo sentir recién una tranquilidad que invadía su alma. Luego sonrió dirigiendo su mirada al cielo y los aldeanos se sorprendieron no creyendo lo que le acontecía. Almanzor en ese instante, fijó sus ojos al pueblo perdiendo su mirada entre los pinos y sin decir una sola palabra, murió sintiéndose feliz. Había conquistado a quien un día, lo abandonó…

Roque Puell López Lavalle

Click: https://www.youtube.com/watch?v=OGvd6Pmn5WA

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