Pero resulta que en medio de todo, unos malandrines le había metido la mano a la Gabriela faltándole el respeto y nos fuimos corriendo a defenderla. Cuando nos pusimos frente a ellos, tú no decidías vengar a la hermana de nuestra común amiga que vivía cerca a mi casa y yo si quería liberar pronto mis hormonas alborotadas. Entonces, tuve que ser yo el que comencé con los trompicones porque tú no cedías a la provocación que hacía ratos fue anunciada por este grupo de muchachos.
Cuando vinieron hacia nosotros, no te quedó otra que intervenir para sacar la cara por mi porque todo se convirtió en ese momento en una gran pelea porque repartiendo golpes a diestra y a siniestra, parecía que todo no iba a terminar tan temprano. Recuerdo como si fuera ayer, que una piedra lanzada de gran tamaño, venía hacia tu cabeza. La verdad no sé como volé de esquina a esquina como el mejor arquero y pude contenerla justo a tiempo para que no se estrellara con tu "ingenuo" cerebro. ¡Pucha, todavía me duele la mano!
Entonces de los cuatro que éramos, contra los nueve implicados, vencimos a duras penas a los culpables pero vino la Guardia Civil de aquél entonces para llevarnos a todos presos tanto por el jaleo y por el descaro de pelear públicamente en la calle. Sin embargo, llegaron y nos encontraron a todos abrazados dando vivas por nuestra Selección y hasta pensaron que éramos los "hermanitos", del mismo partido.
No se la creyeron así que tuvimos que huir rápidamente por el medio del parque, yo con mi camisa rota y tú con la mirada tonta. Los demás estaban asustados y se fueron cada uno por su lado. Los guardias ya nos alcanzaban, faltaba poco pero yo con las justas me las ingenié y alcancé un taxi. El chofer asustado me preguntó: ¿A dónde va joven? "A seguir celebrando el empate", le dije pero luego reaccioné alegando: ¡¡ Pero me lleva a mi casa carajo!! Y sin darle todavía la dirección dónde vivía volteó el carro por la avenida principal y jocosamente, pasé en medio de los que me perseguían...
Son remembranzas de los años setenta y recordarlas hoy es una gran alegría por un gran partido de estos buenos futbolistas. Julio es todavía un gran amigo y un aguerrido hermano que el destino nos unió en aquella oportunidad. Esas broncas de los veinte años, todavía hoy viven en mi corazón y cuando a veces paso por ese parque tan lleno de historias, siempre sonrío y a pesar del tiempo, siempre lo reitero y lo reiteraré siempre por lo que queda de mi vida diciendo: "Nosotros, teníamos razón."
Roque Puell López Lavalle
Escucha: https://www.youtube.com/watch?v=zZ2kqewhpCI&t=7s
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