Por asuntos que ignoraba, no comprendí que aquél día desventurado, me tocó engrosar las filas de los que alguna vez, no tuvieron salud. Ya estaba escrito que la muerte me buscaba pues mi cabeza daba vueltas entre los malestares y quebrantos. ¡Había dos gusanos de inquilinos, crecidos y malignos, en mi cerebelo! Nadie sabía cómo estuvieron allí y en aquella oportunidad, los tenía bien escondidos sin haberme percatado…
En los momentos de un sueño, sentí tus manos en mi cuerpo quebrado, en ese momento intuyó mi alma que tú me buscabas. Mi espíritu pudo reconocerte y escuchar luego, lo que imaginaba eran tus palabras. Oírlas era un triunfo, el vivirlas, fue una realidad.
Luego sentí tu ayuda porque cuando me levantaba, me sujetabas y no me caía. Luego cuando aprendí a caminar otra vez como un niño; me hiciste sentir como un gigante porque tan frágil estaba que parecía un papel en el viento pero así y todo mostraste tu gran verdad: Nunca había dependido de una Decisión tuya para volver a respirar. Ahora vivo agradecido porque ¡No falta mi alabanza y mi adoración en cada momento de mi existencia!
Hoy cuento tus maravillas por haberme salvado de la muerte. Aunque los médicos habían pensado que ya no caminaría en buen tiempo o que tal vez ya no viviría, nunca supieron que tú me guardabas. Porque supe que me darías la vida y darme una nueva oportunidad. Entonces me di cuenta que me amabas y volverás a sustentarme…
Roque Puell López Lavalle

No hay comentarios:
Publicar un comentario