jueves, 30 de abril de 2015

El carrito


Como un niño de mal humor se encuentra el personaje más elocuente pedante y dislocado de mi barrio. ¿Algo tan extraño podría ahora acontecer? Cabello cano, mirada enojada, nerviosa y aguda para entender a la sorpresa, hoy se encuentra cavilando el fosforito. Si,  aquél de delgada figura que busca siempre el cómo su vida sustentar… 

Barrunto que lo vio nacer hace más de no sé cuántas calles, recorre mi amigo la vida viviendo como quiere y como puede, morando y peleando al fondo del boulevard. No se explica la tremenda paciencia o el heroísmo de sus vecinos en poderlo tolerar. Unos días ríe, otros días es un caballero, otros momentos pareciera que ha venido de la corte celestial pero no se entiende entonces, por qué casi siempre se encuentra de mal humor. 

Es mentiroso compulsivo y a veces sensible, ¿Por qué vive en lugares modestos cuando parece haber venido de sonados apellidos? Quizá sean las injusticias de la vida o las costumbres del peregrino que fueron tomadas alegremente para no quedarse en el concierto de esta sociedad pacata. No basta con lo fantasioso de sus conversaciones porque muestra también modales refinados y un paladar exquisito. 

No obstante, Es un manojo de contradicciones, algunas veces está arriba y otras veces está en el llano pero creo que no lo persigue el espíritu del mal. Pero lo que no se puede aceptar, es que una vez le prestó su carrito de juguete a un amigo y juntos lo hacían correr por varios días, pero un buen día se lo dejó para que la cosa esa se arreglara y funcionara mejor. 

Cuando el susodicho carrito no quiso caminar por viejo y engreído, el cano de mala leche pensó que su compañero algo le había quitado. ¡Mi carrito! ¡Mi carrito! ¿Qué le has hecho a mi carrito? ¡Ayer te lo dejé bueno, ahora está enfermito! Vana fue la explicación veraz y pausada, alturada y sin mentiras demostrada por mi sorprendido amigo. ¡Mi carrito! ¡Mi carrito! Volvió a insistir, ¡Me lo llevo para cuidarlo, me lo guardo para que esté sanito! De nada valió entonces lo explicado por mi recomendado pues el famoso "carrito" se fue a sus manos sin estar tan arruinado. 

Ese era el motivo. No consideró que su amigo lo pintó, no valió que el bólido corriera mejor que antes en la competencia, tampoco era buena la limpieza que le había prodigado. ¿Entonces? No pues, todos éramos culpables de la enfermedad terminal supuesta del juguete; pues era tan antiguo y descalibrado como el dueño mal intencionado… 

Así las cosas, se fue muy resentido el innombrable. Así quedó con los crespos hechos, el extrañado compañero. "Para eso perdí mi tiempo, para eso lo ayudé, para después ser culpable de un juicio sin sentido, pensó. Pobre el "Ferrari", en qué habrá de terminar –sentenció- ¿Qué culpa tiene en tener un dueño tan injusto? 

Juzgar a todos con la misma vara es vivir sin compás, defender lo indefendible es ser un contumaz, pero vivir creyendo que todos son los culpables de mi desgracia y que todos siempre me desean calamidades, eso señores, eso si es infernal...

Roque Puell López Lavalle

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