jueves, 30 de abril de 2015

Donde vivimos los dos


Temprano me fui a dormir y en la madrugada te escribo. El sueño se fue para mí y la ilusión de decirte algo viene ganando a mi pluma. Me encuentro en la soledad de mi tienda en medio de un desierto que amenaza estar un poco más frío que de costumbre. La fogata y el crepitar de los leños me calientan y me tranquilizan, los recuerdos de antaño entonces, son ahora mi alimento. Ayer estaba preocupado por recoger el agua de mi manantial pero caí en la cuenta de que este bebedero se había convertido en un pozo fantasma, pues hace algún tiempo se lo llevó el inesperado sequedal. 

Existe una travesía que tal vez ahora me niego a creer pero navegando estoy hacia donde tú estás. En el fondo de todo, te espero encontrar para nunca más verte volar. Y de pronto, me doy cuenta que ahora que me haces falta y espero quizá que me digas el granuja de tantas. Eso todavía me hace sonreír te lo confieso, pero no lo he podido escuchar en ningún momento. No pensaba en ti como un amor profano pero si en querer mirarte otra vez para disfrutar de tus canciones y arrebatos, de tus poemas varios así como tus ilusiones en un día sin par. Tu mirada profunda, tus ojos grandes, bonitos, de ceño fruncido, queriendo así conocer mis caminos, me hacen pensar que soy un escritor terriblemente feliz. Para mí, esos ojos son los momentos de mi paz, esos labios son tal vez el silencio único de tus palabras y la fidelidad de acercarme a ti, espera de nosotros un generoso abrazo de amigos. 

Si, es un contemplar interminable y es el anhelo de dos que dicen quererse tanto y sin embargo, no pueden consumar el arrullo santo de un secreto que a todas luces, es eternal. No sé porque tengo que sentir en la soledad de mi tiempo el extrañarte cuando tu morada está en un lejano continente y tus temores están en los cielos. ¿Qué te ha sucedido? Porque si la distancia fuera tan grande y tu respuesta fuera tan pequeña, entonces qué me importaría recorrerla para tenerte entre mis brazos, comprender la fuerza de tu alma y atesorar el fuego de tu ser que ya tienen escrito un nombre. 

Sin embargo, estoy pronto por encontrarte. ¿Por qué te sorprendes tanto? Y justamente ahora cuando el silbido del desierto empieza a decaer al despuntar el alba, te escucho decir que nosotros hoy somos extraños y que no tenemos una palabra dicha porque la aurora para nosotros ya cantó. Eso no es cierto, yo ando peregrino en cada noche estrellada buscando que la luz de la luna pinte tu rostro, me muestre tu silencio, tu ternura, todo lo que me agrada de ti. 

No obstante, reconozco que en la melodía que estoy escuchando en el amanecer que no puede verte, se encuentran nuestros sentimientos que presienten que somos el uno para el otro. Que nuestros corazones nos dicen que existe un mundo real, un lugar precioso: Un jardín encantado de flores rojas y un solo corazón, donde vivimos los dos...

Roque Puell López Lavalle


No hay comentarios:

Publicar un comentario