El hombre cano caminó lento y pausado, incluso sin mirar atrás para encontrarse con lo suyo. Nada verdaderamente había cambiado alrededor de él, excepto las formas humanas que día a día se repartían en un concierto de luchas y vanidades. El saludo, el mirar extraño de algunos y el hablar de las necedades de la gente, convertían así a la rutina en la comidilla de siempre sobreviviendo él, en un mundo de locos.
Sus temores le dieron la bienvenida, las dudas empezaron a minar su entusiasmo y el amor esperado había sido trastocado en una suerte de altos y bajos. Su alma, encerrada entre dos mundos significativamente opuestos, parecían haberlo dominado. "Más todo en la vida, --pensaba él-- tiene un peculiar significado". Para su manera de pensar, era difícil hallar sosiego entre tanta hipocresía porque era complicado asirse de lo aprendido cuando no estaba la esperanza de lo que está por venir. Pero el instinto no quedó ahí dormido, algo le decía que no todo quedaba en la cárcel dorada de las frustraciones y desengaños. Esto tiene que ser diferente para los que tienen mucho que dar. Pensaba que la sola voluntad no era suficiente para un sueño abrigado que soliese comenzar..
Entonces, las antorchas apagadas y contrarias se encendieron y empezaron a dar su luz, los variados inciensos impregnan el ambiente de una nueva fragancia, de un nuevo despertar. Los dioses rechazaron furiosos los vientos de la renovación, las columnas de humo empezaron a crecer mientras el fuego se atizaba en un sin fin de voluntades. El dios de este mundo se levantó de su largo sueño sorprendido por este raro manifiesto que desafiaba el orden de la melancolía impuesta, pero pronto sucumbió porque no era capaz de tener el poder de la satisfacción.
Así quedó en su espíritu la semilla germinada de los valores, aquellos de los que no se rinden ni de los que iniciaron el atrevimiento de los que intentaron cambiarlo. Era quienes todos lo olvidaron y muchos lo menospreciaron pero él siempre siguió adelante.
Pero no pocas fueron las campanas que tañeron su canto de victoria y no todas las manifestaciones del hombre mediocre le rindieron tributo a su historia. Sin embargo, en ese momento, creció y creció. También se diversificó triunfante como las muchas vidas que vuelven a elevarse en el infinito mundo de los grandes. Buenos comienzos y pobres finales son los que en ese momento no valoraron el inicio del nuevo acontecer de este personaje...
Roque Puell López Lavalle
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