miércoles, 20 de julio de 2022

La flor de la candela

 

Las lluvias en la primavera son inusuales y extrañas porque el cambio de estación supone las esperanzas para un nuevo comienzo y los pretextos de algunos incautos para disfrutar una alegría reinante. Son diferentes los momentos que la vieron nacer, entre las nubes negras de la mentira y lo difícil que significó el sustento, para vivir una nueva esperanza.

Sin embargo, creció entre las espinas una flor de extraordinario sentir, quizá una que dio la diferencia entre la tanta grama silvestre y las flores pretenciosas y orgullosas. Dio indicios de ser alguien diferente, predestinada para ser la mejor entre las mil y una oportunidades que le ofrecía la vida.

Fue la única en su especie, pudo entristecerse o quizá dejar de reír, tal vez no hubo manos para prodigarla y aun el llorar no justificó alcanzar su más triste momento. La vida así lo confirmó, la sentencia no dudó en ser manifiesta y la injusticia se dio sin más miramiento para tratar de ahogar a la más valiente y guardiana de los ideales.

Pero el enemigo no lo pudo lograr, una Luz de esperanza se dio para conquistar y triunfar, no para que pueda zozobrar la voluntad y el sentido de la derrota. No importaron los caminos difíciles, tampoco la terquedad de lo imposible en la distancia y el tiempo, en el largo sendero de la equivocación. Nada de eso, triunfó de lejos la Verdad.

Pasado el tiempo conoció el romanticismo de los poetas, acaso el de los dioses de la Mitología que únicamente tenían hijos para la guerra o para la vida falaz y sin sentido. Sin embargo, también pudo sortear las montañas del peligro, los abismos insondables del cinismo y fruto de ello, nacieron las nobles criaturas de la expresión artística, tal vez los hijos del apasionamiento, los hijos del amor.

Valientes fueron los que se quedaron después del revés y el vendaval de las maldades en pos de una víctima en el panteón frío y solitario. Malas artes y malas voluntades quisieron otra vez desparecer todo indicio de la verdad y del clamor. Y se fueron dando las cosas en el laberinto, el ímpetu los vientos, las mentiras del momento y sin embargo, la casa establecida en la roca, nada ni nadie la movió.

Y la flor que pudo perecer y renegar de sus pensamientos, sola quedó sobre las marañas de la ignorancia, en la derrotada intención de los más audaces. No por eso cambió, al contrario, fue la más generosa, la más sonriente, quizá la más consecuente entre las tantas mareas y los caprichos del mar indiferente. Ella entonces, envalentonada, sigue adelante y sin desmayo, no cejó en ningún momento, las sonadas batallas del Camino, los encuentros vívidos de la Verdad y la belleza primorosa de la Vida.

Lástima que ahora se fue al cielo, y no está más entre nosotros pero seguramente, hará una revolución de lo que más quiso y defendió, los innumerables motivos para una vida mejor.  Por eso en este momento que la recuerdo, me siguen gustando los aromas que despidió de su ser, aún es la soñadora, aún es la conquistadora y guerrera, aún sigue siendo para mí la más bella de todas, la flor de la candela…

Roque Puell López Lavalle

https://www.youtube.com/watch?v=wrTwPKdVwaY

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