jueves, 13 de septiembre de 2018

Tú jamás podrás olvidarme


Meditaba en mis horas de descanso y llegué una vez a hacerme una pregunta: ¿Podrían todos olvidarme? Pensé que mis hermanos, la esposa, los hijos y los amigos, si, lo podrían hacer en algún momento, no tuve la menor duda. El amigo se pierde en el transcurso de alguna conversación, en el recuerdo de lo que él hizo, en las palabras que se fueron o en las que se dijeron seguramente con sentimiento. Cuando todo lo que construimos se acaba, también se va la amistad, solo queda dar un paso al olvido y quizá este, tampoco regrese...

A la esposa también puede pasarle, el amor, los años, los cambios del carácter, la soledad, el resentimiento y… no lo sé, tantas cosas nos pueden acontecer. Pero ya no sería lo mismo porque la ilusión ya no existe, la belleza y el deseo se extraviaron en la añoranza de que el tiempo pasado fue mejor, en fin. ¿Dónde estaba el perdón entonces? Ah de seguro ya no fue concedido y dejó de ser un buen motivo para arreglar las desavenencias...

Luego vinieron los hijos que se olvidaron del padre cuando crecieron y nadie se dio cuenta. Ahora son los briosos corceles, jóvenes desagradecidos algunos y otros son los que vibrando en su naturaleza, se preparan para un futuro que es diferente. La vida de ellos son ahora sus sueños, sus ideales. Cambiar el mundo es su consigna, tú les enseñaste cómo hacerlo y ya solitos sin el consejo, se las buscaron. Los juguetes viejos, los peluches, la muñeca rota, los trenes y los carritos, son los recuerdos de tus regalos porque eran la complicidad de todos en casa para que después se pudiera jugar con ellos.

Pero lo que es nuevo para el día de hoy, revierte para su mañana en una esperanza que quieren alcanzar. Y aunque ahora tengas nietos y tal vez te sientas rodeado de ellos, ya quieres que sean como tú, con tus mismas aventuras, picardías y aciertos o con la misma madurez que te corona. ¡Qué iluso serías! Porque el cielo fue conquistado por tu esfuerzo y aun así ellos te olvidarían cuando se enteren que el abuelo al fin descansó para siempre de sus afanes…

¿Y aquella novia que te dijo que su amor era para siempre? Pues se perdió en el bosque de su propia inmadurez. Solo fueron sus anhelos, sus sueños de niña y adolescente porque era tan sentimental como el cuento del "príncipe feliz", pero eran fantasías, vacíos existenciales, enamorada del amor pero no de quien que la respetó y la ayudó en su tristeza. ¿Te das cuenta?

Luego hace su entrada la muerte, aquella que siempre llega a la hora y el tiempo exacto. Convierte al ser humano en un inmoral porque se lleva lo mejor de él. ¿Y lo que se construyó con las manos, ¿Para quién será? Buscarán todos a los parientes pero ellos, finalmente fueron confundidos y no tuvieron lo esperado porque el finado no los incluyó en el testamento…

Y aunque yo crea que al final de mi vida, ya no cuente con más compañía que mi gato, sin grandes oportunidades o ver miles de motivos para no avanzar, seguiré siempre adelante sin mirar atrás. Pero, otra vez me hago la misma pregunta en la soledad que me visita hoy y en la herida que hay en mi corazón envuelto en un manojo de clavos: ¿Pueden todos olvidarme? Sí, todos pueden olvidarme, pero Tú jamás mi Dios, Tú jamás, podrás olvidarme...

Roque Puell López Lavalle


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