Meditaba en mis horas de
descanso y llegué una vez a hacerme una pregunta: ¿Podrían todos olvidarme?
Pensé que mis hermanos, la esposa, los hijos y los amigos, si, lo podrían hacer
en algún momento, no tuve la menor duda. El amigo se pierde en el transcurso de
alguna conversación, en el recuerdo de lo que él hizo, en las
palabras que se fueron o en las que se dijeron seguramente con sentimiento. Cuando todo lo que construimos se acaba, también se va la amistad, solo queda dar un paso al olvido y quizá este, tampoco regrese...
A la esposa también puede
pasarle, el amor, los años, los cambios del carácter, la soledad, el
resentimiento y… no lo sé, tantas cosas nos pueden acontecer. Pero ya no sería
lo mismo porque la ilusión ya no existe, la belleza y el deseo se extraviaron
en la añoranza de que el tiempo pasado fue mejor, en fin. ¿Dónde estaba el
perdón entonces? Ah de seguro ya no fue concedido y dejó de ser un buen motivo
para arreglar las desavenencias...
Luego vinieron los hijos que
se olvidaron del padre cuando crecieron y nadie se dio cuenta. Ahora son los
briosos corceles, jóvenes desagradecidos algunos y otros son los que vibrando en
su naturaleza, se preparan para un futuro que es diferente.
La vida de ellos son ahora sus sueños, sus ideales. Cambiar el mundo es su
consigna, tú les enseñaste cómo hacerlo y ya solitos sin el consejo, se las
buscaron. Los juguetes viejos, los peluches, la muñeca rota, los trenes y los
carritos, son los recuerdos de tus regalos porque eran la complicidad de todos en
casa para que después se pudiera jugar con ellos.
Pero lo que es nuevo para el
día de hoy, revierte para su mañana en una esperanza que quieren alcanzar. Y
aunque ahora tengas nietos y tal vez te sientas rodeado de ellos, ya quieres
que sean como tú, con tus mismas aventuras, picardías y aciertos o con la misma
madurez que te corona. ¡Qué iluso serías! Porque el cielo fue conquistado por
tu esfuerzo y aun así ellos te olvidarían cuando se enteren que el abuelo al
fin descansó para siempre de sus afanes…
¿Y aquella novia que te dijo
que su amor era para siempre? Pues se perdió en el bosque de su propia inmadurez.
Solo fueron sus anhelos, sus sueños de niña y adolescente porque era tan
sentimental como el cuento del "príncipe feliz", pero eran fantasías,
vacíos existenciales, enamorada del amor pero no de quien que la respetó y la ayudó
en su tristeza. ¿Te das cuenta?
Luego hace su entrada la
muerte, aquella que siempre llega a la hora y el tiempo exacto. Convierte al
ser humano en un inmoral porque se lleva lo mejor de él. ¿Y lo que se construyó
con las manos, ¿Para quién será? Buscarán todos a los parientes pero ellos,
finalmente fueron confundidos y no tuvieron lo esperado porque el finado no los
incluyó en el testamento…
Y aunque yo crea que al
final de mi vida, ya no cuente con más compañía que mi gato, sin grandes
oportunidades o ver miles de motivos para no avanzar, seguiré siempre adelante
sin mirar atrás. Pero, otra vez me hago la misma pregunta en la soledad que me
visita hoy y en la herida que hay en mi corazón envuelto en un manojo de
clavos: ¿Pueden todos olvidarme? Sí, todos pueden olvidarme, pero Tú jamás mi
Dios, Tú jamás, podrás olvidarme...
Roque Puell López Lavalle

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