domingo, 16 de septiembre de 2018

La mariposa


Entre el aroma de las flores, en un delicado capullo, encontré algunas horas más tarde a una bella mariposa. Era de colores tan cálidos y azulados que sus alas desplegadas eran tan brillantes que su encanto asomaba a la luz de mi mirada. Extrañado le pregunté: ¿Qué haces aquí entre las criaturas de la noche? ¿Estás en el murmurar de los grillos? Ellos no reconocen tus intenciones ni tu estancia, solamente sé que la mañana es quién te da la cordial bienvenida y quien te llena de alabanzas…

Entonces, me dijiste: “A mí me gusta volar entre las dalias, los jazmines y las rosas. Me gozo en el cantar de los pajarillos y en el zumbido de las abejas, pero te confieso que también me atrae la nostalgia de la noche. Ella no me juzga, solo me mira azorada, no comprende que mi vida es un regalo, es un adornar con mil colores a las oscuras rendijas del silencio.”

¿Cómo? ¿Pero no te das cuenta que en el día eres una reina? ¿No es por el astro rey que te admiramos? Es que la noche, sabes, tiene a la oscuridad como su eterna compañera y tu belleza sin duda peligra, tus alas delicadas pueden quebrarse con la niebla y aunque yo te mire asombrado, es preferible que te vea en la clara luz del cielo por las praderas...

“Es que a veces me siento triste y quiero sentirme libre, quiero dirigir mi canto a todo aquél que esté despierto entre las soledades de su laberinto. Quiero formar las sonrisas espontáneas con tan solo pasar revoloteando y que la luna me ayude para fijar mis colores en la esperanza. Así las alegrías las puedo descubrir y la felicidad puedo derrochar sin miedo al llanto. Eso me dice el corazón ahora.”

¡Oh! Qué bonito es conocerte hoy en el embrujo de tus palabras. Son momentos de saber lo que encierra tu corazón y lo que buscas sin cuidados ni reproches. Es un secreto para todos querer encontrarte siempre. Quizá con tu alegría me inspires y con tu belleza despierte. Pero de repente, con tu corazón tan grande puedas hacer que yo te quiera...

¿"Tú crees? No valen las palabras cuando el corazón no está dispuesto. No valen las voluntades cuando solo de promesas baila el sueño, las intenciones y los hechos son los que demuestran que la batalla está ganada, cuando la distancia se acorta con un beso”.

Entonces la mariposa sonriendo, desplegó sus alas nuevamente. Yo quedé entonces boquiabierto y luego revoloteó por el jardín como un gigante e hizo de su vuelo una pirueta. Yo sabía sin embargo, que ella me había escuchado. Después de alejarse por el camino, se sintió feliz y nunca más habló conmigo…

Roque Puell López Lavalle

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