De niños hacíamos travesuras porque jugábamos todos contentos a lo que se nos pudiera ocurrir en aquellos años tan inolvidables en compañía de la mayoría de los primos en la casa grande de la abuela. Tú me resultabas gracioso cuando aparecías sin avisar y nos asustabas echándote sin reparos a reír. Recuerdo que en nuestra inocencia, solamente nos regalábamos dulces y pedazos de cariño repartidos entre todos y los que tú sabías darme. Una vez me plantaste un beso muy especial sin darme cuenta y yo que me quedé boquiabierta por tremendo atrevimiento. Tú solo me mirabas como un bandido porque estaba sonrojada burlándote de mi...
Pasaron los meses, los años, y no supe nunca más de tu vida... No obstante, el destino siempre nos encontró, en este caso me tocó a mí porque yo pensaba quedarme sola. Era un error porque cuando crecí, mis padres me llevaron a la capital para estudiar una profesión. Me había casado luego y tuve dos preciosos hijos, pero la vida me dejó solo recuerdos ingratos porque el que fue mi esposo partió de este mundo sin pensarlo dos veces. Me enteré luego que tú estabas con los tuyos, en tu pueblo y solo vivías de hacer promesas, pero cumplirlas...
Eso fue antes de vernos otra vez en una sonada reunión familiar. Te vi distinto, serio, más viejo pero, ¿Qué conocías de mi alma? Nada. Si esta sería revelada y no fuera considerada un misterio, sería tan inverosímil como la realidad de nuestra experiencia, de vivir juntos para siempre alguna vez o solo sería una verdad a medias que hoy ya no quisiera recordar...
Pero tú no te percataste nunca que yo hablaba a tu corazón pero fuiste egoísta, solo pensaste en los sufrimientos que te atormentaban y que no era justo que la vida solo a ti se te diera este injusto pesar. ¿Por qué no luchamos juntos esa vez? Quizá porque desconocías mis sentimientos pese a que "decías" amarme intensamente. Y luego vinieron tus dichosas promesas que tienen un sabor a la miel de avispas, ácidas como la que se conciben en el ático de los tejados y no como las de las abejas en los panales de mi jardín, de aroma dulce, ardiente, porque siempre las puedes encontrar también en el verdor de una campiña que florece...
No, me di cuenta que tus falsas promesas y tus temores iban de lo ridículo a la pena, de lo infantil a lo melindroso cuando era la verdad que te negabas a afrontar, sin ver siquiera si pudiste conquistarme con tus melosas palabras. ¡Baahhh! Eso es pedir peras al olmo porque fuiste como una higuera seca, irremediablemente sin fruto, como un suspiro largo perdido en la nada…
No, me di cuenta que tus falsas promesas y tus temores iban de lo ridículo a la pena, de lo infantil a lo melindroso cuando era la verdad que te negabas a afrontar, sin ver siquiera si pudiste conquistarme con tus melosas palabras. ¡Baahhh! Eso es pedir peras al olmo porque fuiste como una higuera seca, irremediablemente sin fruto, como un suspiro largo perdido en la nada…
Hoy cuando vivo mi
nostalgia, mis pensamientos vuelan hasta nuestra niñez porque a escondidas
fueron las veces que jugábamos, luego, a escondidas fueron las vidas furtivas
que tuvimos después y a escondidas sin resentimientos, espero, pensaré lo que
alguna vez significaste para mí. Si así fuera, tú podrías formar un solo momento
en mi vida pasada tan escabrosa y confusa, pero seguramente así como lo creo, solo
formarías tú como todas las mujeres pensamos: Una parte de mi boda frustrada…
Roque Puell López Lavalle
Escucha: https://www.youtube.com/watch?v=59NoadrxBAs

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