martes, 25 de abril de 2017

El gato


Hace poco tiempo, porque de fechas no me acuerdo, estuve peleando entre las acusaciones y las respuestas a las vanas afirmaciones de la Gorgona. Luego del largo enfrentamiento, pensé buscar un lugar a solas para mi conciencia.

Me fui entonces, a uno de los acantilados de mi ciudad y sentado frente al mar, en lo a lo alto del barranco, me preguntaba el por qué de su lejanía, si todo se veía tan cerca. Parecía tener las conjeturas de un filósofo perdido haciendo preguntas tontas pero me di cuenta que era el viento bajo la sombra que me envolvía soplando mis pensamientos.

Y entre las culpas, los sentimientos, las quejas y los enojos, le preguntaba a Dios acerca de  mi vida, acerca de las circunstancias y si alguna vez tendría que escuchar siempre que todo tiempo fue mejor y que debería tener la paciencia de Job porque de todas maneras todo iba a cambiar. Era tan buena la lógica y me sonaba tan convincente, que llegué a enojarme un tanto porque siempre estaba seguro de eso pero entonces pensé que ya no habría más razones que pedirle al tiempo preguntándole el cuándo..

Entre los hechos y las palabras, buscando respuestas a las mismas interrogantes de qué habría de suceder luego, aparece un gato que me miraba con sus ojos grandes sorprendido a mis alegatos sin palabras. Fue una sorpresa verlo pero me animé a cargarlo y acariciarlo hablándole palabras cariñosas. El no se inmutó y dejó que yo estuviera con él. Luego se echaba para atrás como queriendo jugar porque me mordía las manos amigablemente.

¿Sería un enviado? Sonreí al pensarlo pero no me dejó concluir mi retiro voluntario. Me llamó la atención su compañía y el querer estar conmigo que me hizo olvidar en buena parte lo que me estaba pasando. Luego, se hizo a un lado y fue a buscar sigiloso su sustento porque varias veces tentaba por el barranco coger alguna presa que se moviera siendo cauto y listo para dar su zarpazo. Eso me distrajo y de alguna manera me hizo razonar el vivir una manera diferente.

Ese gato estaba de lo más tranquilo respirando el día a día porque ni el peligro, ni nada parecía cambiarlo. No era una mascota de casa pero si era muy sociable y con una paz única para enfrentar su presente. ¿Acaso no sería bueno aprender de él? Yo con mil cosas y él con lo suyo pero era diferente. Entonces resolví continuar en las promesas eternas recibidas en los momentos de las tormentas, no por asuntos de credulidad sino por el confiar toda eventualidad a Quien me dio la bendición de levantarme esta mañana.

Roque Puell López Lavalle 

No hay comentarios:

Publicar un comentario