Hace poco
tiempo, porque de fechas no me acuerdo, estuve peleando entre las acusaciones y
las respuestas a las vanas afirmaciones de la Gorgona. Luego del largo
enfrentamiento, pensé buscar un lugar a solas para mi conciencia.
Me fui entonces,
a uno de los acantilados de mi ciudad y sentado frente al mar, en lo a lo alto
del barranco, me preguntaba el por qué de su lejanía, si todo se veía tan cerca.
Parecía tener las conjeturas de un filósofo perdido haciendo preguntas tontas
pero me di cuenta que era el viento bajo la sombra que me envolvía soplando mis
pensamientos.
Y entre las
culpas, los sentimientos, las quejas y los enojos, le preguntaba a Dios acerca
de mi vida, acerca de las circunstancias
y si alguna vez tendría que escuchar siempre que todo tiempo fue mejor y que
debería tener la paciencia de Job porque de todas maneras todo iba a cambiar.
Era tan buena la lógica y me sonaba tan convincente, que llegué a enojarme un
tanto porque siempre estaba seguro de eso pero entonces pensé que ya no habría
más razones que pedirle al tiempo preguntándole el cuándo..
Entre los
hechos y las palabras, buscando respuestas a las mismas interrogantes de qué
habría de suceder luego, aparece un gato que me miraba con sus ojos grandes
sorprendido a mis alegatos sin palabras. Fue una sorpresa verlo pero me animé a
cargarlo y acariciarlo hablándole palabras cariñosas. El no se inmutó y dejó
que yo estuviera con él. Luego se echaba para atrás como queriendo jugar porque
me mordía las manos amigablemente.
¿Sería un
enviado? Sonreí al pensarlo pero no me dejó concluir mi retiro voluntario. Me llamó
la atención su compañía y el querer estar conmigo que me hizo olvidar en buena
parte lo que me estaba pasando. Luego, se hizo a un lado y fue a buscar sigiloso
su sustento porque varias veces tentaba por el barranco coger alguna presa que
se moviera siendo cauto y listo para dar su zarpazo. Eso me distrajo y de
alguna manera me hizo razonar el vivir una manera diferente.
Ese gato estaba
de lo más tranquilo respirando el día a día porque ni el peligro, ni nada
parecía cambiarlo. No era una mascota de casa pero si era muy sociable y con
una paz única para enfrentar su presente. ¿Acaso no sería bueno aprender de él?
Yo con mil cosas y él con lo suyo pero era diferente. Entonces resolví continuar
en las promesas eternas recibidas en los momentos de las tormentas, no por
asuntos de credulidad sino por el confiar toda eventualidad a Quien me dio la
bendición de levantarme esta mañana.
Roque Puell López Lavalle

No hay comentarios:
Publicar un comentario