Cuando en las noches miro a la lluvia, siento su ruido estrepitoso y que cae siempre en forma copiosa sobre mi techo destartalado. Continua es entonces, la gotera que se precipita sin más oficio del que yo pueda entender para querer repararla. El momento de la humedad se acrecienta en el ambiente y el olor a la tierra mojada invade mi habitación. Luego pienso de inmediato y quisiera adivinar el sonido del rugir del viento y los truenos que en ese momento los escucho. Seguramente ellos son los presagios que me invaden, estarán entre mis dudas y temores porque pronto encontraría tu mirada. Ella seguramente estaría perdida entre tus tantas emociones que callas para perderte después en situaciones diversas ahora, no puedes comprender.
Ahora los rayos los veo repartidos entre mil maneras, buscan el cómo llenar la tierra con sus interminables brazos. Acaso las luces refulgentes les dan más vida o es que para mi tienen un significado inmenso. A veces quisiera ser como esas bengalas para saber dónde buscarte, sea entre el negro nubarrón dónde nadie puede penetrar o tal vez entre el susurro de tu dormir profundo. Yo también disfruté de todo el portento al sentirlo sobre mi ser en los magros tiempos del invierno o cuando gozaba correr debajo de la lluvia para sentirme fuerte y poderoso. Era vivir como los dioses de los mitos y de los cuentos, tan desconocidos como ausentes. Pero así te hubiera conocido en los relatos de mis fantasías y quizá fueras para mi, la musa de mi alegría en mis castillos imaginarios...
Veo la gente que transcurre apurada en medio de la calle para protegerse del aguacero que no perdona y no pasar así un mal rato. Sin embargo, tu recuerdo aparece entre los sorbos de mi café bajo el cielo oscuro y furioso, entre el frío que se asoma atrevido y molesto de mi casa. Así te imagino mujer, rodeando mi cuello con tus brazos, como una tímida niña de ojos grandes y delicados. Como tú eres, un tanto asustadiza y nerviosa que ahora me pide que la abrace fuerte y sin distancias. Apareces de pronto en mi corazón solitario y distante, entre los andamios de una historia de corajes que anhela no dejar ahora de recordarte...
Yo también supe tener entre mis manos las revelaciones de mis tiempos y saber el por qué no te conocí antes. Pude rebelarme a no ser como los surcos inundados, los caminos perdidos y sin sustento porque sé que ellos no me llevarían a ninguna parte. Sin embargo, al contemplar después de mucho tiempo la magia de la tormenta, no tengo menos que sonreír porque ahora sé que te amo, porque hoy puedo volar dónde estás sin que tú lo sepas y sin que tú puedas impedirlo. Será tal vez porque quiero guarecerme de una vez de las inoportunas goteras de mi tejado roto y convencerme de que deben de quedarse así, que no hay más que remendar al viejo techo de los pensamientos...
De repente, quiera abrazarte en un mágico final, decirte que nos vayamos del todo y de todos o quisieras bailar conmigo el concierto del aguacero y de la tierra que se enloda ¿Verdad? Jugaríamos como niños en el barro, reiríamos como nunca por lo que el tiempo nos regale y entonces, podríamos sellar lo nuestro con un beso largo inundados de la esperanza y el fuerte viento, cumpliendo así si tu quieres, nuestro mejor deseo...
Roque Puell López Lavalle

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