viernes, 17 de agosto de 2018

Cásate conmigo

De niño había conocido a una pequeña de ojos grandes y oscuros, muy hermosa. Era maravilloso verla cómo se mecían sus cabellos al viento cuando corría por los senderos del parque vecino a la urbanización donde vivíamos y su casa quedaba en las inmediaciones de la mía.

Ella vivía una eterna primavera cuando éramos niños pero no siempre eran todas alegrías, a veces eran momentos de felicidad y otros momentos eran de tristeza. Con razón después la encontraba compungida y ya no jugaba con su vieja muñeca entre las flores del jardín. Entonces yo le dije que no debería estar así, que la vida era para estar feliz y no para sufrir.

Atenta y curiosa me escuchaba, pero un día no pude más y le dije muy orondo: "Cásate conmigo",  y de pronto, se echó a reír. La verdad es que no sé por qué lo hizo y me quedé confundido porque yo era un niño bien parecido, educado, algo sucio y descuidado, pero también era muy varonil.

Pasaron los años de aquél incidente donde todos vivimos la vida de modos diferentes. La música nueva, los bailes modernos y como toda adolescencia y juventud,  estos solían ser contestatarios y rebeldes.

Pero, allí estaba ella, ahora espigada, hermosa y con sus ojos soñadores de siempre, ávidos de conocer el mundo y contar las estrellas del universo. Pero otra vez la vida le había jugado una mala pasada, ahora las desazones y las desavenencias, habían borrado su sonrisa dándole un aire de romántica melancolía.

Yo había crecido entonces, es más, había logrado rescatar mis anhelos y plasmar mis expectativas. Para ello había luchado sin desmayar. Al verla nuevamente, quise sumarla a mis triunfos personales, recordé mi infancia junto a ella y aquél amor de niño que jamás claudicó. Entonces de sorpresa, y sin que ella lo advirtiera, me acerqué y mirándola a los ojos le dije muy seriamente "Cásate conmigo" y ella se echó a reír. Otra vez, no entendí el porqué de su negativa.

Los años pasaron, la vida me llevó por otros caminos, senderos que me llevaron a otras conquistas en el plano espiritual y humano. Ya era otro, ya me habían aflorado las canas de la sabiduría al lado de mi frente amplia y resplandeciente. Los otoños habían dejado su huella y los inviernos me habían acostumbrado al refugio hogareño. Quizá habría renunciado a todo pero no a la primavera de mis instintos varoniles, ellos se mantenían juveniles y alertas. Además, porque siempre viví en lo personal, un verano intenso en el plano afectivo a pesar de los vientos que más de una vez amenazaron con arruinarlo todo. Ya tenía descendencia para que me hicieran abuelo pronto, pero la que fue mi primaveral amor, estaba ausente viviendo otras realidades que ya no eran de mi incumbencia.

Así las cosas, al retornar de un corto viaje, de pura casualidad supe que aquél infantil amor, había retornado a mi vida. Sin saberlo, la magia de la memoria trajo para mí, hermosos recuerdos y otra vez se manifestó el espíritu del amor. Quizá una extraña sensación de romántico placer, me colmó de ilusiones y de esperanza.

Entonces, llegó el momento sin pensar en volver a vernos y floreció nuevamente la amistad. Seguramente seguiría su curso hasta el final de nuestros días que era realmente lo que deseaba. Habíamos vivido separados por largo tiempo pero continuábamos juntos por el recuerdo de las alegrías y las tristezas de cuando éramos niños.

Sin tomar conciencia de ello nos hicimos mejores amigos, reíamos y peleamos como siempre, había una amistad que no se apagó a pesar de todo. La soledad, la melancolía, el extrañar su anhelada presencia en el tedio de los años que ya deseaban una compañía, me llevó a preguntarle que si el firmamento diera un giro y se juntaran las estrellas para dar un sola luz, potente y hermosa ¿Qué es lo que ella haría?

Se mostró pensativa como dudando de la seriedad de mis palabras. Entonces, en ese instante, sin mediar palabra, me atreví a sincerarme pero esta vez, en otro tono serio y circunspecto: "¡Cásate conmigo!"...

Abrió sus ojos, miró los míos y esta vez, no se echó a reír…

Roque Puell López Lavalle 

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