Quiero volar entre la brisa y soplar como el viento, quiero recorrer los siete mares y encontrarme con sus inmensas olas cuando me quieran enfrentar. Beberé sin medida de mis ilusiones y de mis derrotas, querré arrebatar mi mundo y quedarme con uno sin fronteras porque todos lo buscan para gozar un momento de quietud. Después me encontraré con el astro rey de la vida, estaré embebido de sus rayos y de la fuerza de mis sentimientos buscando el amor que me hace falta...
Puedo desaparecer en silencio de la niebla y abandonarla en una noche sin luna y sin estrellas, así podré revivir el romance que un día dejé de buscar. No obstante, prefiero escuchar ahora el canto de la sirena, la que se pierde en la imaginación del cuento, la que se añora en la melodía de los puertos, inspirada en un amor lejano pero que hoy, ya no se puede encontrar...
Voy a acechar al león marino para pelear con él y ver si es cierto que sus temibles fauces pueden arrancar mis sentimientos sin que yo los pueda contener. Exijo que el recuerdo de su amor lleve lejos mis pensamientos y deseo verlos tan altos como el claro cielo azul para luego ignorarlos en un momento esperado de silencio...
Pero ahora prefiero atesorar el arco iris, aquél que muestra sus hermosos colores y que calmarían mis ojos tristes de tanto llorar, pero debe ser en un día cercano, sin sobresaltos y en paz. Después la tomaría feliz entre mis brazos para amarla en los acantilados con solo mis deseos y darle al amanecer, su ansiada libertad...
En ese momento seré como la gaviota que no ceja su vuelo y que no se detiene ni siquiera un momento para respirar. Así quiero yo llegar a mil lugares y a todo lo desconocido a la misma vez. Entonces, viviría más despierto, menos iluso de los otros seres que viven atados en un sin número de quimeras y de malos tiempos, en un mundo al revés...
Roque Puell López Lavalle

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