Te encontrabas sola y sonriente, con tu piel dorada bajo el sol, inocente, teniendo tus ojos fijos en el oleaje
del mar embravecido pero tus pensamientos volaban hacia lugares imaginarios o quizás escondidos en un sueño que no quisieras despertar jamás…
Sin embargo, una brisa soplaba
fríamente en tu rostro y gimiendo, creías que todo iba a terminar. Pero tu alma
le demostró ser muy fuerte en un sorpresivo instante que perduró en el tiempo.
Entonces, te refugiaste en un amor que solo se quedó en el camino. ¿Sentiste la
brisa que imitaba el rumor de mi voz?
¿Sentiste el silencio que
existía entre nosotros? El que nos acompañaba y el que permanecía a la espera
de una palabra nuestra evocando el lugar donde fuimos dos. Comprendo que el
silencio nos invita a callar y esperar que mañana más tarde el final sea el
deseado por nosotros pero…
¿Entendiste el mensaje de
mi alma? No lo creo, en todas estas horas inciertas, no la pudiste contemplar.
Te dijo que deseaba besarte con febril pasión queriendo protegerte en el
silencio reflejado empozado en tu alma pero solo escuchaste a tu corazón y a
ella no la pudiste entender…
Pero cuando te
llamé desde la soledad de mi sombría habitación y te dije enamorado que te
amaba todavía intentando ser felices en el renacer de un amor puro y sincero, ¡¡Tú
no lo escuchaste!!
Roque Puell López Lavalle
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