viernes, 13 de abril de 2018

Cuna de lobos


Nosotros siempre tenemos algo que contemplar o realizar sea que miremos a la vida como una realidad inequívoca o una experiencia distinta donde podríamos tener cualquier comienzo sin saber cómo va a concluir. Y es como vemos nosotros que de las estrellas del cielo a la tierra, hay una distancia inmensa o del frío al calor extremo también aprendemos, una manera curiosa de existir. 

Vivía en los bosques en aquél tiempo, un viejo lobo con la gloria de su pasado y la lucha entre sus venas. Sentía en su ser, una batalla interior de sus recuerdos pero cae herido de repente por el fuego de un cazador furtivo. Entonces camina a rastras peligrando su vida pero prosigue adelante sin importarle mucho el destino. Ya cunado estuvo a salvo, la jauría lo proclamó héroe pero él rechazó la ceremonia y la tamaña habladuría pues no la reconocería nunca por el discurso incesante de lo mismo en otras oportunidades. Él no se consideraba merecedor de su homenaje porque dentro de sí se sentía como un rebelde.  

Su descendencia también le reclamó su conducta pero no lo lograron entender, lo evitaron, lo difamaron y aun no lo quisieron más en su seno. La irrenunciable de su juventud lo curó en mil encuentros pero no concibió la daga en su interior y el aullido de su esperanza fracasó e indefectiblemente murió. Él no se amilanó de todo esto y aun levantó la espada de su orgullo pero fue inútil, todo estaba perdido, nada se pudo recibir porque nada se pudo lograr.

Aunque pasaron las semanas y los años, la vieja herida de antaño, empezó poco a poco a restañar. Empezaba ya a florecer en él, una esperanza palpable en cualquier momento y circunstancia. Comenzaron los sueños y todo era relativamente nuevo en su experiencia. El cielo se encontraba abierto, la ilusión no se había perdido, atrás quedó el fantasma de la tristeza y tanto así, que murió de vieja. Los recuerdos anteriores solo venían de tiempo en tiempo, sin más mella que un suspiro.

La felicidad lo contempló largamente y lo consoló. Lo acogió dulcemente dentro de si alargando los brazos de su bondad infinita. Entonces, el mañana del lobo volvió a renacer nuevamente  en el gozo de su corazón y sus emociones volvieron a vivir al amor, a la amistad, el porvenir y así, recogiendo lo mucho que había aprendido... ¡¡Empezó nuevamente a volar!!

Las esperanzas sentidas y las variopintas realidades que le tocó experimentar a lo largo de la forma de encarar las cosas, son cuna de lobos al fin de cuentas. Cuna de todos nosotros quienes por alguna u otra razón, nunca esperamos nada y tampoco soñamos más.  Siempre creeremos que algún día bueno y diferente va a llegar para transformar a las sombras de nuestra historia. Nos enseñará siempre que  cuando perseveramos, existe un mejor final. El lobo, así lo entendió.

Roque Puell López Lavalle

Escuchar: https://www.youtube.com/watch?v=U62YkXZNs8M

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