martes, 5 de diciembre de 2017

El tomate


¡Qué feliz estaba el tomate en la hacienda! ¡Colgado estaba él en una rama cantando como todo un artista! No había rayo, comba ni nada que lo entristeciera porque la vida le parecía corta por primera vez. Y por eso el jolgorio, las risas, los parabienes y los buenos amigos. Sin embargo, un día apareció una plaga misteriosa que a todos sorprendió pero a los demás, la pelona se los llevó consigo. Más la indigna, cortó al cantante en dos mitades dejándole solamente sus hojas y sus tres semillas: Una de ellas lo vio y por costumbre, cumplió su papel, la segunda le dio la bienvenida y la otra lo ignoró completamente...

Así pues corrieron las semanas y los meses quedando el tomate muy desconcertado y solo quedó en el Hospital por los pesares que las malas intenciones lo habían postrado. Pensativo inquirió sobre la vida y la muerte, se preguntó el cómo es que dos se fueron sin pena y sin gloria de este mundo cuando fueron los convidados a una cena sin final. ¡Qué momentos! Otros reían nerviosos por no saber lo que podría acontecerles o quizá lloraban ellos por su propia ingenuidad. 

Y al parecer, mientras él experimentaba estas cosas, ¡Los otros tomates dizques amigos ni se enteraron de su mal! Ninguno lo visitó pero alguien lo contempló verde, oscuro y pálido como estaba en ese momento, a comparación de lo rojizo que se encontraba en el verano...

Entonces, Dios se acordó de él y le plació infundirle aliento nuevamente cuando estaba casi muerto y sin color. Luego de despertar de su mal sueño, el tomate brilló nuevamente en cuerpo y alma entendiendo así su prometedor destino. Todo era tan diferente y lo que le pasó fue un gran propósito para su vida porque él sabía que en poco tiempo iba a mejorar. Después se tornó más sabio queriendo ser amable con casi todo el mundo. ¡¡Qué tal temperamento!!

Fue en esas circunstancias que exclamó:

                 “No importa lo que pasó en ese momento, esta vez me tocó a mí. Mañana le tocará el turno a la semilla y finalmente, a la plaga que no tuvo corazón ni medida”. 

Habiendo dicho eso, cerró súbitamente sus ojos y los doctores allí reunidos pensaron que el tomate había muerto. No obstante, ¡Oh sorpresa!  Los abrió pestañeando nuevamente para la emoción de todos los que estaban presentes. 

Sólo que esta oportunidad, el cantor apareció, mucho más bello y fornido...

Roque Puell López Lavalle

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