Son las respuestas que recibí de la necedad, los argumentos de la infelicidad del mortal que disfrazó una realidad por la razón despreciando lo sencillo o tal vez por la ingratitud de aquella cuando le extendí mi corazón y prefirió lo más fácil que lo más humano. Sin embargo, más luces traen el nuevo amanecer en una esperanza de realidades que una dicha que finge ser tan cierta y veraz. Siempre hay un atardecer y su esperanza, aun existe el viento que lo acompaña ¡Vive la aurora! que nos inspira una nueva ilusión!
Escribir para lidiar con los fantasmas y querubines, soñar despierto en amar esperando a la ingrata que salga de su accidentado sueño o tal vez pintar otros corazones que anhelan ser conquistados y amados en un momento mágico. Es la vida misma, es el ahora de mi sentir de mis recientes promesas y decisiones. Quizá recordando la risa del niño travieso que fui alguna vez o pensar en la ingratitud de quien ayer solo era una fantasía convertida en mujer
Roque Puell López Lavalle

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