Te harás a la mar para encontrar nuevos puertos, te irás pronto a contemplar su inmensidad y quizá a descubrir tu nombre. Buscarás la aventura, la providencia y la distancia sin límites dándote cuenta de que eres una pequeña gota en el mar que brindas a la vida. Serás testigo presencial del portento y de sus conquistas, de lo inverosímil de su bravura y te sorprenderá la calma de su grandeza y del sosiego en una noche estrellada.
Renacerán tus esperanzas porque las tormentas pasaron y solo dependerá de ti que sigas un nuevo amanecer. Las orillas mojarán tus pies dándote la bienvenida y verás un mundo perdido en cada embarcadero. Verás la alegría de aquellos que se sirven del gigante para ganar su sustento. Las aves vendrán por lo suyo, los delfines estarán agradecidos, ballenas y orcas en majestuoso cuadro pasearán su libertad. Trabajo y más trabajo experimentarás en lugar de sentir el viento que todo lo destruye. ¿Creerás en las sirenas? No. Tú no escucharás esos cuentos porque el canto es del gigante y verás que cuando se enoja, se levantarán muy pronto, sus temidas olas...
Y será el suficiente compás de su vaivén el que experimentes. No le tendrás temor, mirarás la realidad de sus motivos pero cuando observes a los lugareños de todos los colores, te emocionarás por su bravura y ellos te lo agradecerán con un canto que te llevará a las profundidades donde ninguna perla se escapa sin que nadie la haya podido conquistar...
Agradécele entonces la oportunidad de soñar, pocos son los lugares que él ofrece para que le hables sin que nadie te escuche y que guarde tus secretos, de repente los más humanos o quizá los más terribles. Pero en el fondo de tu corazón díselo para que sepas que tienes un amigo que te puede entender. Una vez le dejé un barquito de papel con un deseo, él se lo llevó y aunque pasó el tiempo, él me dio sin duda, lo que mi corazón siempre anheló en ese momento...
Ese es el marinero azul, es intenso como el color del mar o tal vez es el ser más oscuro que se esconde misterioso para que nadie lo encuentre. No dudes en conocerlo en todas sus formas, alegrías y dificultades. Tal vez puedas soñarlo y no creerle, hablarle y quizá no te conteste pero se encontrará en tu pensamiento sin que te des cuenta. Sentirás la inmensidad de su amor y sus deseos de vivir por ti, aunque tú no te hayas dado cuenta ahora de quién te estuvo hablando en este momento...
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Roque Puell López Lavalle
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