Quisiera ser aquél árbol en el bosque para darte la fortaleza y la tranquilidad a la orilla de un difícil camino. Así sabrás muy bien que en mí siempre encontrarás la seguridad que tú anhelabas en las pruebas del día a día. Y cuando tú te canses ahora y quieras encontrar motivos para cejar en la batalla, tendrás en mí, la fuerza de tus manos, en ese momento...
Quisiera ser una raíz profunda para que guardes tus grandes sueños y tus deseos, para que estén seguros tus sentimientos creyendo en las bendiciones que Dios te deparará cada mañana. Pero si no los encontraras en el laberinto de tu indecisión, aquí estoy yo para que tú los sientas en el interior de tu ser, pero con firmeza y con regocijo, en la voz que proviene de mis entrañas...
Quisiera ser muy alto y frondoso para cubrir tus miedos, tus desasosiegos o de repente para protegerte de tus enemigos que andan ocultos para acecharte en una encrucijada. No me crearon las hojas solo para mostrar matices, no en vano se hicieron mis vestidos para guarecerse del intenso sol sino también para ocultar lo bello de tu amplia sonrisa y lo intenso de tus sinsabores...
Quisiera ser ese gigante para que las aves que hicieron su nido se vayan felices y recuerden el día que tuvieron un refugio donde soportaron las tormentas entre mis brazos y entre las aberturas de mi rugosa madera. Así tú, también vivirías tranquila entre los rincones de mi alma y en el interior de mis sentimientos que en este momento, son un portento...
Pero si viniera en ese instante, la tala indiscriminada y me convirtieran en mil pedazos... y si aun estuviere el fuego haciéndome oscuro en el arder de mi tronco o de mis ramas, quisiera no olvidarte nunca porque en un día lejano, me buscaste asustada pero vine para protegerte de los fantasmas que traías contigo y para que finalmente, tú no mueras...
Roque Puell López Lavalle

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