domingo, 14 de abril de 2019

En la cordillera



Marchaba entre los profundos abismos de la cordillera y en algún atajo exploraba curioso, seguramente con una serie de pensamientos. Mientras más avanzaba, el frío golpeaba mis mejillas y el saber que estaba en una colina me hacía más fuerte y muy feliz por las maravillas que contemplaba viendo el paisaje. El sol declinaba ante mis ojos, el viento parecía silbar una melodía perdida para dar paso a las estiradas nubes negras que se mostraban aparentemente esparcidas en el firmamento...

Pronto anochecería y tendría que acampar. Pero era consciente de las horas que me quedaban pero prefería estar en la soledad que había escogido. Acaso quería volver ahora, pero sabía que un cambio tan repentino, no me haría sentir bien. Era tal vez que mi yo quería experimentar el solo deseo de un pronto encuentro conmigo en un silencio desconcertante. Tenía temor, expectación, pero vivía los instantes y esperaba sentir algo diferente en esos momentos...

Sabía que no solo fui a reflexionar pero me pude sentar sobre un peñón en medio de un camino rocoso. Cogí una rama seca, hice dibujos sin sentido sobre la tierra pero vi que pronto se quebraría sin darme cuenta porque le hice presión en el inmenso volar de mis conjeturas. Sentir la importancia de mi propia vida, habría comenzar en mí algo nuevo otra vez si yo así lo decidiera. Soy un hombre que ama intensamente lo que realiza y esa es la satisfacción que llevo muy dentro. El espíritu libre de mi corazón me impulsaba en mis pretensiones y no tengo más recursos que visualizarlo...

Las nubes que lentamente adornan el cielo, cubren la luz para mostrarme que todo es belleza y armonía aunque comience la ansiada oscuridad. Mi mayor riqueza era verme yo tan pequeño comparándome con lo más inmenso de la creación y con la libertad de acercarme y hablar libremente con el Eterno. Vano era pensar en ese momento la conocida duda que cuestiona todo sin un asidero de sabiduría por más conocimiento que uno tenga. Perderme en el bosque de palabras no soluciona nada pues la evidencia se hace más clara en lo que veo en mi vida sin necesidad de la explicación lógica del por qué de las cosas. 

La ignorancia entonces, no supera a la realidad, pero ésta se conoce a través de la conciencia sabiendo que todo tiene un propósito. Vive así sin duda, el yo interior en una paz inconmovible de la eternidad con que fui creado. Poco se sabe del mover de un astro y el curso de la muerte, pero aun así somos tan necios que pretendemos conocer el misterio. Entonces, ¿Por qué habría de preocuparme?

Así pues, me encontré a mí mismo sabiendo lo que iba a hacer después de hablar resueltamente con Él. Luego de tantas cavilaciones, llegué a la conclusión que no necesito elogiar mi sapiencia, solo debo saber que mi inconsciente tiene un objetivo que cumplir y el suficiente testimonio de lo creado me hace sentir privilegiado de conocer tremenda responsabilidad. No olvidaré entonces, lo que dijo el salmista: "En Dios, están mis tiempos" ...

Roque Puell López Lavalle







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