lunes, 29 de enero de 2018

El amor inocente que yo perdí


Estrecharte entre mis brazos fue mi anhelada espera. El buscarte emocionado día a día para ver si te encontraba, era mi religión. Amarte en la oscuridad de la noche junto al mar, fue mi eterno deseo. Pero tú no estabas en ese momento porque no escuchaste el latido de mi corazón y tampoco escuché el tuyo que me dijera que me amaba tanto como lo hice yo. Es que tu cardio estaba tan apocado, tan adolorido por la maldad que te abrumaba que no pudiste diferenciar nuestro amor. Creíste que era el compañero indeseable y me dejaste por mi estado, defendiendo más tu egoísmo y lo convencional, que nunca fue tu argumento.

Yo quedé sentido, frágil de tu silencio y de tu partida tan cobarde e indiferente. La soledad de mi desierto, la luna llena que se escondió de mí ser no concibió semejante despedida. No pude soportar el remolino de mis sentimientos que vivió en mí como un verdadero  infierno. Pero así pasó el tiempo, como los silbidos al azar que se hacen sin melodías y que siempre terminan en los espacios perdidos.

Así meditaba frente al mar, tuve tus recuerdos, entablé conversaciones con algunos que se llevaron mis deseos como las brisas del momento. La sonrisa y el afán del que no siente se traducen en el olvido para convertirlo después en una pesadilla. Más no se irá mi nombre, aquel se quedará firme porque mis obras hablarán solas y habrán otros que te lo recuerden viendo algunos lugares muy lejanos que solamente tú los reconocerás...

Pero será muy tarde en ese momento para volver a ese recuerdo porque  todo regresará a su lugar, el presente, el pasado y el inexplicable futuro, absolutamente todo. ¿Ves? Lo que antes se vivió, pasará al mundo del olvido, allí encontrarás un ingenuo como yo que se convertirá en el indiferente como tú, para cometer el mismo error. O quizá, el que ahora te acompaña, vivirá nuevamente el amor “inocente”, que yo perdí...

Roque Puell López Lavalle



No hay comentarios:

Publicar un comentario